jueves, 28 de marzo de 2013

Un vistazo a la Sevilla del XVIII (2)

Vamos a intentar hacer un breve paseo por la ciudad que vieron los reyes Felipe V e Isabel de Farnesio a su llegada en 1729.
Ya hemos dicho que era una villa en decadencia, pero ¿qué aspecto tenía? En aquella época Sevilla estaba contenida dentro de la muralla. Este gran recinto fortificado se abría en su perímetro por puertas (un total de trece) y postigos (en número de cinco), y contenía el abigarramiento del caserío así como las huertas, los paseos y los palacios de los nobles. Hay que imaginar un caserío avejentado, con calles pavimentadas de tierra prensada y la sinuosidad del trazado medieval.
El Guadalquivir seguía siendo la gran autopista de la época, atravesado por el Puente de Barcas que acercaba al arrabal de Triana. Había otros dos arroyos que circundaban la ciudad; el Tagarete, que desembocaba muy cerca de la Puerta de Jerez, y el Tamarguillo, que preocupaba ya por sus frecuentes crecidas.
Entrada de los Reyes a Sevilla
Como en otras muchas ciudades de la época la limpieza de las calles era escasa y el sistema de alcantarillado deficitario. Eso obligó a que el Cabildo las adecentara antes de la visita regia, retirando animales muertos y demás porquerías del viario público. ¿Imaginamos el olor?
Los grandes lugares de esparcimiento eran la Alameda, que se remodeló en estos años y donde disfrutarían de largos paseos los Reyes, así como el Paseo del Arenal. Allí se mandaron plantar 500 arboles, entre la Torre del Oro y la Puerta de Triana, para hacerlo más agradable y proteger a las personas reales del sofocante sol. Otro lugar que tomó relevancia fue el paseo que iba del monasterio de San benito hasta el Humilladero de la Cruz del Campo, lo que hoy ocuparía la calle Luis Montoto.
Un placer propio de los sevillanos eran los baños en el río. Por supuestos hombres y mujeres por separado, tanto en los tramos donde se dedicaban al balo como en horarios, aunque era habitual saltarse estas normas. El Cabido Catedral pugnó por abolir esta impúdica costumbre pero era tanto el apasionamiento de los ciudadanos por los baños que el poder local tuvo que ceder y permitirlos, aunque con férreas normas de conducta.

martes, 26 de marzo de 2013

Un vistazo a la Sevilla del XVIII (1)

¿Cómo era la Sevilla a la que llega Felipe V? La ciudad acababa de perder el comercio con Amércia, que se había trasladado a Cádiz. Tmbién estaba desapareciendo la floreciente industria sedera que había llegado a tener 16.000 telares en el pasado y que en la época en que el rey visita la ciudad se han reducido a 140. Esta despaparición de la industria de la seda se la considera una de las consecuencias principales de la decadencia de la ciudad junto con la pérdida de los privilegios de Indias. Por otro lado, aún sufría las consecuencias demográficas de la peste de 1649 que había esquilmado a la mitad de la población, así como la de 1709, que había impedido su recuperación. Todo esto hacía que donde se habían alzado las próspera casas de los mercaderes y artesanos ahora se extendíeran los solares llenos de maleza.
La ciudad también había sufrido la sangría de la Guerra de Sucesión que llevó a Felipe al trono, la sequía, el hambre, y estaba aquejada por las frecuentes inundaciones del río cuando la lluvia parecía dar calma a la sed.
En 1701 el censo nos habla de una población de 85.000 almas, llegando a 96.000 a finales de ese siglo. Si la comparamos con la de las dos centurias anteriores, podemos decir que había perdido la mitad de su población.
Es a esta ciudad vacía y en busca de oportunidades donde llegan los reyes y donde se desarrolla el teatro de las apariencias.

sábado, 23 de marzo de 2013

Se anuncia el viaje real

José Patiño

El 17 de diciembre de 1728 se anuncia el viaje. En principio se piensa que será breve; los reyes deben desplazarse a la frontera de Portugal para hacer un intercambio de príncipes. Sin embargo esta salida ocasional durará cinco años y tendrá como destino Andalucía, y más concretamente Sevilla, con desplazamientos más o menos largos a otras ciudades de la región como Granada o Cazalla de la Sierra. Para que nos hagamos una idea de lo que supuso para la ciudad de Sevilla, miremos los trabajos del aposentador real. Fue necesario alojar  a la familia real, a su casa, a los príncipes de Asturias con sus respectivas casas,  un alto número de grandes y nobles, algunas tropas con sus oficiales, el cuerpo diplomático, a los funcionarios, a 600 criados directos de los reyes, etc. Para ello se requisaron 1280 viviendas. Unas 130 de las mejores fueron para los mayordomos, los jefes y oficiales de la secretaría de estado. En Madrid se habían quedado todos los consejos y dos secretarías de estado (la de la Guerra con el marqués de Castelar, y la de Gracia y Justicia, con José Rodrigo). En cambio estaban en Sevilla el primer secretario de estado, marqués de la Paz, y José Patiño (Secretario de Estado de Marina, Indias y Hacienda, que ascendería durante el lustro), probablemente acompañados por la mayoría de oficiales de sus departamentos.